Un tirón de orejas

La España de los balcones ha dado paso a la España de las fases y parece que en ese tránsito a muchos se les ha olvidado lo que ha pasado y, peor aún, lo que sigue pasando.

Todas las mañanas, a eso del mediodía, recibimos la información relativa a la pandemia. Cifras de nuevos contagios, de fallecimientos, de personas curadas, etc.

Hoy, sin ir más lejos y si mi memoria no me falla creo que el número de personas fallecidas ha sido 184 y en cuanto al número de contagios, se ha producido un ligero repunte con respecto al día de ayer. 

Estos datos sólo pueden producir un cierto alivio si los comparamos con los que se manejaban hace un mes, pero cuando se pierden en un solo día 184 vidas por una sola causa y sabemos que mañana la cifra será un poquito más baja o un poquito más alta y así seguirá siendo por muchos días más, significa que  continuamos instalados en la tragedia. 

Durante los dos últimos meses hemos hecho vida monacal, recluidos en nuestras casas, en general, bastante concienciados de que era  la única manera  de atajar los contagios y frenar la sangría. 

Hemos sido conscientes del esfuerzo de las personas, que no se podían quedar en casa, porque a ellos les ha tocado ponerse en primera línea, con todo el riesgo y sacrificio que eso suponía. Y, la ciudadanía agradecida les ha dedicado sus aplausos por ello.

Estamos ahora en proceso de “desescalada” que además es “asimétrica”. Es decir, para que todos nos entendamos, que según en la zona en que vivamos se irán rebajando las restricciones, en mayor  o menor medida, para que poco a poco podamos recuperar nuestra actividad habitual. Aunque sabemos que hay un antes y un después de la pandemia y que nada volverá, probablemente, a ser igual. A eso lo llaman “la nueva normalidad”. 

La epidemia no sólo afecta a las personas, también está minando ese complicado engranaje que es la economía, aunque, es fácil comprender que si ciertos mecanismos de una máquina se paran, ésta deja de funcionar.

No podemos relajarnos, el virus no ha desaparecido, está suelto, deseando encontrar una célula humana que le permita multiplicarse y esa es su razón de ser. 

La desescalada, no cabe duda, implica riesgos, pero, a su vez es el oxígeno necesario para que la economía respire.

En nuestra mano está que esos riesgos se minimicen. 

En los últimos días se han producido comportamientos que merecen un tirón de orejas y que rompen con todo ese espíritu de solidaridad y gratitud de semanas anteriores. 

No bajemos la guardia, no estropeemos el esfuerzo de estos dos meses y no seamos insolidarios con los que se han arriesgado por nosotros.

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