Maleta de Semana Santa

Abril ha comenzado con sus aguas mil y con un frío inusitado. Parece que en unos días la primavera se acabará imponiendo sobre este invierno pertinaz.

Hay que esperar que sea así, ya que estamos en los albores de la Semana Santa.

Después de dos años, en los que la pandemia ha impedido celebrarla, nunca mejor dicho, como Dios manda, por fin, volverán las procesiones.

El arte religioso se engalana. Cirios, cornetas, tambores acompañan los sobrecogedores silencios provocados por el fervor de unos y el respeto de otros.

No hay palabras para describir la belleza y la emoción que se siente, se sea o no creyente.

En cualquier caso se acercan días de vacaciones, de asueto, en los que se rompe con las rutinas diarias, lo cual está muy bien.

Algunos elegirán como destino la playa, otros el ámbito rural o la montaña, el turismo de ciudad o de procesión y por último están los que quieren descansar en su propia casa.

La mayoría de las opciones tienen un denominador común: la maleta.

Esa que se hace con tanta alegría para ir y con pereza y melancolía para volver.

Voy a dejaros unas pautas que hagan más fácil la tarea sin que por ello se altere el entusiasmo de la ida y la tristeza de la vuelta.

El tipo de destino va a ser decisivo a la hora de elegir las prendas que vamos a necesitar durante esos días.

Sea cual sea vuestra elección, el primer paso será hacer una lista con lo que nos vamos a llevar.

Las listas, en general, son de gran ayuda. Anotarlo supone reducir el riesgo de que se nos olvide.

Un listado por persona dividido en tres apartados.

En uno incluiríamos las prendas de vestir, calzado y accesorios.

En el segundo apuntaríamos todo aquello que necesitamos para nuestro aseo y arreglo personal.

Y en el tercero recopilaríamos los elementos o accesorios propios de la actividad que vayamos a desarrollar en esos días.

De esta manera, haremos la maleta con más rapidez y seguridad. No tenemos que perder el tiempo en pensar. La lista contiene todo lo que nos tenemos que llevar.

Otro aspecto a tener en cuenta es el peso de nuestro equipaje. Apliquemos el sentido práctico a la hora de elegir el vestuario. Prendas versátiles que den mucho juego, que sean las adecuadas a la climatología del lugar y estación del año.

No tiene mucho sentido acarrear un maletón lleno de “por si acasos” que a la vuelta tendré que lavar y planchar aunque no me los haya puesto.

Lo más importante de nuestro viaje no ocupa espacio. Las ganas de disfrutar, de conocer otros lugares, de compartir experiencias con los seres queridos o, simplemente, proponerle al reloj despertador, como penitencia, un voto de silencio.

Feliz Semana Santa.

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