La primavera se cuela por la ventana

La llegada de la primavera no solo da lugar al cambio de armario, también nuestras casas necesitan adaptarse a la nueva estación y a la que viene detrás, el verano.

Tanto la semana pasada como la anterior abordé el cambio de armario y os ofrecí dos posibilidades: el armario de transición donde dábamos paso, poco a poco, a la temporada primavera-verano o la opción de un cambio drástico ¡fuera el invierno, bienvenido el verano!

La casa también se va a transformar, se va a vestir de verano y necesitamos despojarla de todo aquello que nos ha dado calor de invierno para dar paso a lo ligero, a lo vaporoso, a todo aquello que nos trasmita frescor.

Antes de empezar a hablar sobre qué es lo que tenemos que hacer para llevar a cabo esta transformación quiero aclarar que, en función del tiempo del que dispongáis o de las ganas, podemos programar un día para dedicarlo a este menester o acogernos al “plan slow”, es decir cada día hacemos un poquito hasta que completemos todas las tareas. 

Con esta última opción tardaremos más en conseguir nuestro objetivo, pero será la única posible y menos cansada para quienes, por obligaciones laborales o de cualquier otro tipo, disponéis de menos tiempo en casa para estos quehaceres.

Es posible que hayamos oído hablar a nuestras madres o abuelas de “la limpieza de primavera”, es justo en lo que no vamos a zambullir sin pensarlo ni un minuto más.

Son varios los frentes que se nos abren, por tanto vamos a ir por partes.

La primera entrega se la vamos a dedicar a la ropa de casa, la que ha protegido nuestro hogar de los rigores del invierno.

Se trata, por tanto, de retirar, lavar y guardar mantas, edredones, colchas gruesas.

Antes de lavar, leeremos atentamente las etiquetas con las instrucciones de lavado para saber si lo podemos hacer en casa, a qué temperatura, si hay que llevarlo al tinte, si admite o no secadora. Mediante una serie de símbolos, fácilmente interpretables, los fabricantes nos proporcionan esa información.

Ahora que ya los tenemos limpios viene una parte complicada si no disponemos de mucho espacio de almacenaje.

La pregunta del millón. ¿Dónde lo guardo?

Una opción para buscarle un mejor acomodo es utilizar bolsas o cajas al vacío, con las que conseguimos reducir considerablemente su volumen y de esa manera aumentaremos la capacidad del canapé o de un altillo, donde podrían descansar hasta que la bajada de temperaturas los reclame.

Cortinas, visillos, telas o fundas de sofás y sillones, en el caso de que se puedan lavar, como hicimos antes, seguiremos “a pies juntillas” las instrucciones de lavado y si no, al menos, les pasaremos el aspirador, empleándonos a fondo, con el accesorio para tapicerías.

Hay quien en esta época retira las alfombras. 

Va en gustos. Yo las mantengo todo el año porque me gusta como delimitan los ambientes.

Puede ser una buena ocasión para que se les haga una limpieza profesional.

Las guardaremos en un lugar fresco y seco enrolladas en horizontal.

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