Gracias

Tengo que confesar que si, hace un tiempo, a alguien se le hubiera ocurrido vaticinar lo que estamos viviendo, no sólo en nuestro país sino a nivel mundial, no me lo hubiera creído. Es más, a veces, tengo la sensación de que no es verdad. 

Probablemente sea el fruto de la impotencia y de la velocidad de los acontecimientos. La realidad es que un ser microscópico ha puesto el mundo patas arriba. A pesar de lo triste, caótico y los mil calificativos de carácter negativo que podamos emplear para describir el momento no debemos olvidarnos que, en general, las personas ante la adversidad nos crecemos. Y eso es lo que está ocurriendo. 

El mundo no se ha parado. Ha dejado de funcionar al ritmo que nos tenía acostumbrados y eso nos fuerza, a cada uno de nosotros, a poner en marcha mecanismos internos para hacer frente al nuevo escenario. 

La tecnología está siendo el aliado perfecto para aliviar la situación. Teléfonos  móviles, tablets y ordenadores nos permiten conversar  y vernos con nuestros seres queridos ahora que el contacto físico no es posible. A través de estos dispositivos y sus aplicaciones tenemos la posibilidad de acceder a servicios y estar al día de todo tipo de iniciativas solidarias que, sin duda, son la  parte más positiva de todo esto. 

En momentos difíciles afloran con más intensidad sentimientos como la gratitud. 

La palabra “gracias” sirve para pagar lo impagable y si la acompañamos de una sonrisa dobla su valor. 

Gracias y una sonrisa para el personal de los hospitales y centros médicos que, aunque desbordados, siguen en la primera línea para ayudar a los enfermos.  

Gracias y una sonrisa para los científicos e investigadores que trabajan a contrarreloj para encontrar el antídoto.

Gracias y una sonrisa para los farmacéuticos, que con grandes dosis de paciencia atienden a  todos aquellos que les encantaría forrar las paredes de sus casas con mascarillas y cajas de paracetamol.

Gracias y una sonrisa para los centros veterinarios donde se sigue atendiendo a nuestras mascotas.

Gracias y una sonrisa para el  personal de las tiendas de alimentación. Su esfuerzo nos ha permitido, a todos, llenar la nevera. 

Gracias y una sonrisa para los transportistas que circulan por las carreteras, a veces sin encontrar un lugar para poder comer, pero han evitado el desabastecimiento.

Gracias y una sonrisa a los trabajadores del transporte público, recogida de basuras, servicios de limpieza, gasolineras, kioskos de prensa, juzgados de guardia y funcionarios de prisiones.

Gracias y una sonrisa a todos los que hacen posible que a través de la televisión y la radio estemos informados y entretenidos.

Gracias y una sonrisa a los profesores que se han adaptado a las circunstancias para que se altere, lo menos posible, el curso escolar.

Gracias y una sonrisa para los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Siempre están donde se les necesita.

Gracias y una sonrisa a las empresas de hostelería que han puesto a disposición sus hoteles para que sean medicalizados y a los restaurantes que, gratuitamente, ofrecen el menú escolar.

Gracias y una sonrisa para el empresario del sector textil que vuelve a mostrar su lado más solidario con la sanidad pública.

Gracias y una sonrisa para aquellas empresas o profesionales que, de forma desinteresada, ofrecen sus servicios para que la cuarentena se haga más llevadera.

Gracias y una sonrisa para las personas que se prestan a ayudar a nuestros mayores trayéndoles la compra o sus medicinas.

Gracias y una sonrisa para los que entretienen a los peques, mientras papá y mamá teletrabajan.

Gracias y una sonrisa, que en este caso sería más bien una carcajada, para todos aquellos que comparten en la red su ingenio y sentido del humor.

Y por último, gracias y una sonrisa por quedaros en casa.

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