El poder de un minuto

El adjetivo finito indica que algo tiene fin o límite.Lo podemos aplicar a nuestro espacio, a nuestro tiempo y a nuestra economía.

Pero, no solo lo podemos aplicar sino que debemos tenerlo muy presente porque, probablemente, olvidarnos de esa importante característica va a ser fuente de problemas.

Cuando al espacio abarrotado de una casa siguen llegando todo tipo de enseres o cuando la agenda se sobrecarga de actividades sin una medida real del tiempo parece que alguien se está olvidando del concepto “finito”.

No ser consciente de ello nos lleva a situaciones en las que, al final, el mayor perjuicio se va a producir en nuestra autoestima.

Sin embargo, frente a esa limitación está nuestra capacidad o habilidad para hacer el mejor aprovechamiento del espacio, del tiempo o del dinero.

Por el título podéis adivinar que mi intención es ver de qué forma podemos optimizar el tiempo, de tal manera que lo que, en muchas ocasiones, parece inalcanzable resulta que con unas dosis de organización y disciplina se puede conseguir.

Para empezar es muy importante tener una perspectiva clara de todas aquellas tareas o quehaceres que forman parte de nuestro día a día o que, sin ser habituales, en un momento dado tenemos que acometer.

Esa perspectiva la vamos a materializar en lo que va a ser nuestra herramienta estrella: la lista de tareas pendientes.

No os podéis imaginar el efecto tranquilizador que una lista puede ejercer sobre nuestra mente, más que algunos fármacos.

Por una sencilla razón, tener anotado desde lo más nimio hasta lo más importante libera al cerebro de ser el único responsable de recordarlo.

Una vez lo tengo anotado, no se me va a olvidar y ese pequeño detalle me va a relajar, me quita una preocupación, lo cual, ya de por si, me permite usar mejor mi tiempo.

La lista de tareas pendientes debe abarcar el corto, el medio y el largo plazo. 

De esa manera puedo planificar mi actividad teniendo claro lo inminente sin perder de vista lo que está por venir.

Sin embargo, nuestra lista no incluirá todo aquello que surge de momento y podemos resolver en menos de dos minutos.

Resolver, de forma inmediata, pequeñas cosas que apenas nos roban tiempo nos aporta esa tranquilidad que expresamos con un gesto de manos y la frase: “asunto terminado”.

Las rutinas son otra poderosa herramienta que tiene la virtud de comprimir la duración de ciertas tareas que a su vez se componen de otras tantas y que realizamos con mucha asiduidad.

Repetir los distintos pasos en el mismo orden hará que en el plazo de 21 días nuestro cerebro los haya automatizado y seamos capaces de ejecutarlos cada vez con mayor rapidez.

No hay que desestimar el poder de un minuto porque bien jugado puede suponer ganarle la partida al reloj.

Publicaciones Similares