El libro y la rosa

Hoy, 23 de abril, es el día de San Jorge.

Declarado mártir, ya que fue objeto de martirio y decapitación, por parte del emperador Diocleciano, al que había servido, por negarse a renunciar a su fe cristiana.

Según la leyenda del dragón, Jorge soldado romano, nacido en la Capadocia, liberó a una población que estaba atemorizada por un ser monstruoso que vivía en un lago próximo. El dragón amenazaba con acercarse a la ciudad si no se le daban, a diario, dos corderos para alimentarse. Cuando apenas quedaban ovejas, hubo que entregarle, cada día, a una persona viva, elegida por sorteo. Ese terrible azar recayó en la hija del rey. Cuando estaba a punto de ser devorada, apareció San Jorge montado en su caballo blanco. Atravesó con su espada al dragón, salvándole la vida a la princesa. Por esta heroicidad fue declarado patrón de distintos países, de algunas ciudades y en algunos lugares, como Cataluña, además es el patrón de los enamorados.

La leyenda continua diciendo que de la sangre del animal brotó un rosal. Sus flores eran de un intenso color rojo, jamás visto.

De este final de cuento nace la tradición de regalar una rosa roja.

También es el Día Internacional del Libro. El 23 de abril de 1616 fallecían dos genios de la literatura, Cervantes y Shakespeare. Por este motivo, la UNESCO escogió esta fecha para darle su merecido homenaje a los libros, a sus autores y fomentar la lectura.

Bonito intercambio el de la rosa por un libro. Aunque, si me dan a elegir me quedo con lo segundo. No es que quiera negarle su encanto a la flor, pero sé que es efímero.

El libro permanecerá. El relato no envejecerá, por mucho tiempo que pase. Me hará vivir en la piel de personajes, probablemente, muy distintos a mí. Me llevará a otras épocas, a otros países o a otros mundos. Me reiré, me enfadaré o sufriré. Imaginaré lo que la realidad nunca me va a regalar. Conoceré a los buenos de verdad y a malos malísimos. Historia e historias.

Todo ello gracias al, nada fácil, trabajo de los que le plantan cara al folio en blanco y lo convierten, a base de inspiración, estudio, imaginación, dotes de observación, avances y retrocesos, en ese libro del que los demás disfrutaremos.

En cualquier caso, si hoy alguien me regala una rosa, la aceptaré, no resignada sino encantada.

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