Cuesta de enero

Estamos en la recta final de las fiestas navideñas. Después de unos días, que queramos o no, tienen algo de especial, poco a poco todo va volviendo a la normalidad con un matiz importante y es que comenzamos un año nuevo.

Yo creo que hay dos momentos en el año en el que psicológicamente ponemos el contador a cero: el comienzo del año y la vuelta de las vacaciones de verano. Fechas en las que  muchas personas se plantean cambios, se proponen objetivos,  que en algunos casos se consiguen y en otros, una vez pasada la efervescencia del momento se diluyen.

Aprovechando que estamos en uno de esos momentos y que, probablemente, en estos días pasados, hayamos hecho gastos extra, sería bueno encarar el año con buenos propósitos relativos a nuestra economía doméstica. 

Hay dos operaciones matemáticas básicas y sencillas en las que se basa la economía en general: sumar y restar. 

Papel y lápiz para hacer una lista de ingresos y gastos mensuales fijos. Consultando la información bancaria del mes anterior podemos sacar esos datos. Cuánto ingresamos, el importe de los recibos de luz, agua, teléfono, alquiler o hipoteca, transporte (combustible y/o transporte público), comida,  los gastos que hemos hecho con cargo a tarjetas de débito o de crédito y añadir una partida para imprevistos.

En una columna ponemos los ingresos y sumamos. En otra columna los gastos y también sumamos. Y ahora viene lo más importante y lo que marcará la diferencia entre vivir tranquilos o con el agua al cuello. El resultado de restar a los ingresos los gastos tiene que ser positivo, si es negativo tenemos que analizar la lista de gastos para reducirlos. Estudiar si nos conviene cambiar la compañía eléctrica, revisar la potencia contratada o decantarnos por  una tarifa de discriminación horaria. A la hora de hacer la compra no caer en caprichos que, desde el punto de vista nutricional, no son importantes y que, incluso, no nos benefician y elaborar nuestros menús con productos de temporada. Y posiblemente renunciar a algo que, de momento, nos supone un esfuerzo o sacrificio, pero que, a lo mejor, con el tiempo nos damos cuenta que era totalmente prescindible.

Tenemos que hacer todo lo posible por darle la vuelta a ese resultado negativo y convertir la diferencia entre ingresos y gastos en un resultado positivo. Reducir o renunciar a algunas cosas no tiene porqué suponer una merma en nuestra calidad de vida y sin embargo no hacerlo puede complicarnosla bastante.

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