CORonavirus Y CORdura

Mi intención esta semana era escribir sobre un tema que no tiene nada que ver con lo que al final voy a tratar, pero la realidad se impone. 

Sin intención de dramatizar más de lo necesario, pero si que es cierto que estamos viviendo una situación que no podemos negar que es preocupante. La alta capacidad de transmisión del llamado coronavirus hace que no sólo tengamos un problema de salud pública, sino que también se produzcan consecuencias importantes a nivel económico, laboral, familiar, etc.

Está claro que estamos ante un escenario nada habitual y eso nos va a obligar a cambiar nuestros hábitos, al menos, mientras dure este problema. Y, como de toda situación difícil, aprender. 

Al escribir sobre este tema, teniendo en cuenta que yo no puedo aportar ningún criterio científico o médico, lo que pretendo es poner mi pequeñísimo grano de arena para difundir lo que los expertos consideran que es importante para que entre todos ayudemos a atajar la expansión del virus y que desconfiemos de algunos científicos que hablan por boca de políticos y por tanto no dicen la verdad y tenemos la prueba del algodón. Os animo a que escuchéis, de nuevo, lo que decía hace 10 días el experto oficial, según él, el grado de afectación en nuestro país no era preocupante y estaba muy controlado. A día de hoy se demuestra, objetivamente, que no es así.   

Cuando reflexiono sobre esta inusual circunstancia que estamos viviendo creo que hay dos claves. La globalización hace que, en unos casos para bien y en otros para mal, las consecuencias del comportamiento o costumbres de un colectivo de personas pueden tener repercusión a miles de kilómetros. Y por otro lado lo importante que es la higiene. En este caso concreto, que nos está afectando, el problema se genera a partir de una falta de higiene alimentaria, por el consumo de carne procedente de animales que son reservorio de este tipo de virus y que la clave para evitar una mayor propagación de la epidemia, considerada ya pandemia, esta en que cada uno de nosotros extrememos las medidas de higiene. 

Tenemos que ser conscientes de que nuestro comportamiento, a nivel individual, es clave.

Lavarnos y desinfectarnos las manos todas las veces que sea necesario, la ducha diaria que además de limpiar nuestro cuerpo nos deja una sensación muy gratificante. Y, por supuesto, lavar la ropa.  

Debemos evitar llevarnos las manos a la cara, cosa que hacemos con mucha frecuencia y de forma inconsciente. Acostumbrarnos a ser menos efusivos y no dar besos y abrazos a diestro y siniestro y no molestarnos por ello.

Si tenemos síntomas de padecer el coronavirus no acudir a urgencias sino llamar a los teléfonos que específicamente se han habilitado. 

Por regla general, se suele hacer un uso inadecuado de los servicios de urgencia de los hospitales. Esa es una conducta que deberíamos corregir, pero dada la situación, con el personal sanitario desbordado, ahora más que nunca, hay que racionalizar su uso. 

Lo excepcional de la situación debe obligarnos a flexibilizar posturas y facilitar todo aquello que contribuya a mantener la actividad laboral con el menor riesgo posible y a poder conciliar.

Y por una cuestión de sentido común, no podemos enrocarnos en ciertas tradiciones, usos y costumbres que, aunque sabemos que son muy nuestras y que mucha gente pone el alma en ellas, podrían agravar la situación. Habrá que aceptar, por el bien de todos, que no se celebren competiciones deportivas, fiestas populares o manifestaciones religiosas. La salud de todos debe estar por encima.

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