Caminando por la vida

Es inevitable que en el día a día surjan todo tipo preocupaciones de diversa índole, unas las consideramos más graves que otras e, incluso, les cambiamos la calificación, pasando a la categoría de cuestión nimia cuando irrumpe otra de más envergadura.

No cabe duda que, a la hora de afrontar y saltar por los distintos obstáculos que se nos van presentando, llevar un macuto con las herramientas adecuadas nos hará el camino más fácil.

Esos instrumentos que nos ayudan a caminar por la vida no se compran en tiendas, grandes almacenes o en Internet, sin que esto quiera decir que no haya que pagar por ellos. 

El pago se produce por distintos medios, pero nunca mediante una transacción económica.

Una forma de pago muy común para llenar de útiles nuestra mochila son los coscorrones. 

De las malas experiencias solemos aprender, aunque no siempre o tardamos en hacerlo. De ahí, la tan manida frase, pero no por ello menos cierta, que dice: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”.

El resto de animales suelen ser más espabilados y como dice el refranero: “el gato escaldado del agua fría huye”. 

Si en muchos casos nos somos capaces de aprender de nuestros propios tropezones más difícil aun, aunque no imposible, es escarmentar en cabeza ajena.

No contentos con ver la experiencia de él de al lado, nos empeñamos en imitar su experiencia porque estamos seguros que a nosotros nos va a ir mucho mejor, hasta que, también, nos tenemos que poner la tirita.

En cualquier caso la vida nos está poniendo por delante la posibilidad de adquirir material para nuestra bolsa de viaje.

Otras veces para echar al saco otra herramienta tenemos que saber descifrar un mensaje, mientras no demos con el significado de éste, nos llevaremos más de un disgusto. Una vez  consigamos entenderlo, si nos volvemos a encontrar en una situación parecida, tendremos más soltura para resolver el jeroglífico.

Es el bagaje que vamos acumulando a lo largo de nuestro ciclo vital, el que nos da la llave para actuar con más templanza y seguridad en todo tipo de escenarios, siempre y cuando hagamos un uso adecuado de todo lo que hemos ido recogiendo.

Porque parte de ese material recopilado puede tener doble uso. Puede ser utilizado para bien o para mal. Como unas tijeras, siempre debemos valernos de ellas para cortar algo y nunca para dañar a alguien.

Aunque nos haya costado mucho aprender la lección no debemos emplearlo contra nadie, con ánimo revanchista o de venganza. Ni tampoco adoptar una actitud ladina, sin querer advertir a los que se quieran meter en ese charco que debajo hay arenas movedizas y cuesta salir.

No perdamos la oportunidad de sacarle el debido partido a todo lo que nos pase por delante, porque tanto si nos parece bueno o no tanto, algo quedará para poder guardar en ese macuto invisible que llevamos a la espalda y que, curiosamente, cuanto más pesa más ligero nos hace el camino.

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