Armario de transición

Acaba de terminar la segunda Semana Santa y, esperemos que sea la última, más atípica de nuestras vidas.

Nos hemos vuelto a ver privados de la presencia en nuestras calles de esa mezcla de arte y devoción, que con independencia de que se sea o no creyente o de pertenecer a otro credo religioso, me parece que su belleza y emotividad son indiscutibles.

El único consuelo ha venido por el lado de la gastronomía y la repostería. 

Es bonito mantener las tradiciones y remontarnos al origen de estas, porque ahí es donde encontramos su explicación.

Los potajes de vigilia, con sus garbanzos, espinacas y bacalao habrán presidido muchas mesas, especialmente los viernes de cuaresma.

Los que, como yo, somos golosos, hemos encontrado consuelo en las torrijas, las rosquillas y los pestiños.

Una vez llegado el fin de la Semana Santa el espíritu de la primavera nos ha calado y empezamos a vislumbrar cambios.

Damos comienzo a la “operación bikini”. Con la llegada del buen tiempo, como las cebollas, nos vamos quitando capas de ropa y se hacen evidentes los excesos de las navidades y de todo lo que ha venido detrás.

Hablando de ropa, también se avecina otro cambio, el cambio de armario.

El otoño pasado escribí un post llamado “Entretiempo” en el que os propuse, si el clima de vuestra zona lo permitía, hacer un tránsito lento hacia la ropa de invierno intentando aprovechar prendas de verano que combinadas con chaquetas y un calzado adecuado nos podían dar juego hasta que no quedara más remedio que enfundarse en los jerséis gruesos, las botas calentitas y los abrigos.

Ahora estamos en el proceso inverso.

Podemos, como os decía antes, si no vivimos en una zona excesivamente fría, aplicar el mismo criterio y en lugar de hacer un cambio radical, desterrando toda la ropa de invierno para hacerle hueco al repertorio de verano, liberar el vestidor de las prendas más invernales, dejando piezas que con chaquetas más ligeras y otro tipo de calzado pueden lucir más primaverales, hasta que las temperaturas suban algo más y se imponga la manga corta, el tirante y las sandalias.

De nuestro armario de transición desaparecerían los abrigos, las parkas, el punto grueso, los pantalones y faldas de lana, botas y botines de pelo y entrarían blazers, chaquetas de punto fino, el punto de seda, deportivas más ligeras, zapatos destalonados o manoletinas. 

También habrá un cambio cromático, lo oscuro irá dando paso a tonos más claros y alegres, para mimetizarnos con la explosión de color que supone la primavera.

La próxima semana entraremos más de lleno en la parte logística del cambio de armario.

En cuanto a la “operación bikini” no os digo nada porque ahí si que empieza, verdaderamente,  una estación de penitencia.

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