Acomodo digital

Ordenadores, tablets, teléfonos móviles, dispositivos imprescindibles en nuestro día a día que utilizamos para comunicarnos, trabajar, hacer gestiones, comprar o para el simple entretenimiento. No cabe la menor duda que se trata de herramientas muy útiles, con las que de forma rápida obtenemos resultados, como dice una frase muy utilizada en publicidad: “estás a un solo click de…”.

El ser humano tiende por naturaleza a acomodarse, cuanto más fácil nos lo ponen, menos nos esforzamos.

Éste, junto a otros, es uno de los inconvenientes que tiene la tecnología.

Sin intención de demonizar el uso de todos estos elementos, que como he dicho al principio, nos facilitan la vida y que sería impensable pretender prescindir por completo  de ellos, me gustaría que reflexionáramos sobre las consecuencias negativas que puede conllevar su utilización e intentar paliarlas o amortiguarlas, en la medida que sea posible. 

En el post que publiqué hace dos semanas hice referencia a los daños que el teléfono móvil produce a nivel ocular, como afecta a nuestro sueño o el estado de ansiedad que provoca su pérdida, robo o el simple hecho de quedarnos sin batería y no poder acceder a todos sus servicios, que conocemos por el nombre de nomofobia (no móvil fobia). Podríamos decir lo mismo si se tratara del ordenador o una tablet.

Voy a seguir haciendo de abogado del diablo, intentando recopilar todo aquello que me parece menos beneficioso o perjudicial en estos dispositivos.

En la sociedad actual se valora muy positivamente todo lo relacionado con el culto al cuerpo, cuidarnos, hacer ejercicio, alimentación sana, lo cual a su vez es bueno para nuestra mente. Pero al igual que se practica el ejercicio físico para mejorar y fortalecer nuestra estructura ósea y muscular, tengo la sensación de que no nos preocupamos en la misma medida de ejercitar nuestras capacidades cognitivas y el uso de estos aparatos, por esa tendencia que tenemos al acomodo, más bien nos las atrofia. 

Nuestra memoria trabaja menos que en otros tiempos, en los que reteníamos en ella números de teléfono y mucha información que ahora obtenemos, simplemente, tocando una tecla. 

Los niños dan menos rienda suelta a su imaginación, los videojuegos ya imaginan  por ellos. Y pueden jugar horas y horas solos sin necesidad de amigos.

La neuropsicóloga Silvia Medina, a la que he consultado sobre este tema, me remite al artículo escrito por un médico japonés en el que asegura que el cálculo mental simple activa muchas más zonas del cerebro que un videojuego.  

Adicción, sedentarismo, aislamiento social, problemas de atención son algunas de las consecuencias del uso excesivo de ese tipo de entretenimiento virtual. 

Y si lo de teclear en una pantalla o teclado nos supone un gran esfuerzo, no hay problema, con un asistente de voz lo tenemos solucionado. 

Tanto que nos preocupa la privacidad y ahí tenemos un micrófono abierto a la escucha.

Sólo si somos conscientes y analizamos con objetividad los pros y los contras de la tecnología podremos minimizar sus efectos adversos.

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